Por el Tejido Social

Juntar sueños para contener la incertidumbre

Monterredondo ha sido territorio de guerra y de paz. Este poblado multicultural del municipio de Miranda Cauca, es habitado por el pueblo indígena Nasa y por comunidades campesinas; los indígenas ejercen el gobierno propio de su reguardo a través de las autoridades del cabido mediante sus usos y costumbres y los campesinos establecieron la figura territorial de Zona de Reserva Campesina reconocida por la ley 160 de 1994.

                                                                                                                                                                                   ZVTN Monterredondo, Miranda, Cauca

En el periodo de gobierno de 2002 -2010 esta región fue el epicentro del teatro de operaciones de la Fuerza de Tarea Conjunta Apolo, de la Tercera División del Ejército Nacional de Colomba, en el marco de una estrategia de guerra contra la insurgencia de las FARC-EP. En dicho periodo, las atrocidades de la guerra y su ferocidad implacable coparon abruptamente la cotidianidad de las comunidades, la guerra era un macabro juez que imponía su designio. Hoy la región de Monterredondo es un escenario territorial distinto, a pesar de las dificultades propias del proceso de paz, las comunidades indígenas, los campesinos y los miembros de las FARC-EP procuran transformar el conflicto y llevarlo a esferas de la discusión colectiva, ya no se escuchan los estruendos de la guerra. Las comunidades poco a poco recuperan las pulsaciones de su palabra, la soberanía en sus territorios, el reconocimiento amplio de sus lugares colectivos y sagrados; la insurgencia, ya sin armas y sin los pertrechos de la guerra procura despojarse de los lastres y fardos de la confrontación; ya es dable escuchar a los insurgentes hablar de la urgencia de juntar sueños y esperanzas para contener los riesgos de la incertidumbre; es venturoso escuchar a los comandantes guerrilleros proponer sembrar espacios colectivos para la vida, soñar con hacer una biblioteca para todos, fundar un centro de formación y educación popular, un museo comunitario de la memoria para no olvidar; es alentador sentir como proponen vincularse abiertamente a las deliberaciones de las comunidades e integrarse a su vida cotidiana. Algunos manifiestan que el proyecto revolucionario debe ganar su pervivencia desde la construcción colectiva, que la profundidad de la lucha democrática consiste en propiciar el consenso de la diversidad cultural de los pueblos, afirman que las nuevas circunstancias hacen que los procedimientos organizativos se ajusten a verdaderas prácticas deliberativas distantes de la lógica de la guerra, sostienen que la senda ahora es el trabajo comunitario.

En medio del complejo escenario de la implementación de los acuerdos, se perciben análisis y miradas propositivas que buscan enraizarse en un proyecto político colectivo de largo aliento, considerando todas las esferas de la vida cotidiana, sus ámbitos productivos, culturales, sociales, subjetivos. En cada esfuerzo, se perciben los sueños de un mundo nuevo. Los y las combatientes han cambiado la ametralladora por el metro, el nivel, la plomada, las ideas, trabajan con vehemencia y alegría retocando sus propias viviendas, se reúnen a pensar, a planificar la vida.
En medio de las labores cotidianas de la ZVTN de Monterredondo, los niños de los insurgentes, corren, se mueven sin temor, se escuchan los balbuceos de los recién nacidos y sus madres arrullándoles, se escuchan los abrazos, los besos, las risas, las anécdotas. Ahora se voltea la moneda, los “asaltos” van de la comunidad a las FARC – EP, en escenarios asamblearios, en campeonatos de futbol, en el espacio de la imaginación y la creatividad que propicia de hacer emerger la democracia directa y el hacer de una vida colectiva  sin los estruendos de la guerra.

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